
"El hobby del dictador" es una caricatura que realicé por encargo para un cliente que buscaba una reflexión visual poderosa sobre la censura y la manipulación de la información. En la ilustración, unas manos grandes sostienen un periódico abierto, símbolo del derecho a estar informados. Frente a él, un diminuto dictador, en una metáfora de poder desproporcionado y absurdo, intenta cubrir el contenido con un bote de pintura blanca, como si pudiera borrar la verdad con brochazos.
La obra fue realizada completamente a mano, combinando grafito, recortes reales de periódico y pintura acrílica. Esta mezcla de técnicas tradicionales resalta el carácter tangible del mensaje: cómo los regímenes autoritarios convierten la censura en su pasatiempo, creyendo que silenciar voces o reescribir los hechos puede cambiar la realidad. Esta imagen busca recordar la importancia de la libertad de prensa y de mantenernos atentos ante quienes intentan controlar el relato.
